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KATHERINE JOHNSON DOROTHY VAUGHAN MARY JACKSON Matemáticas, programadoras e ingenieras. |
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“Un equipo de matemáticas conocidas como las ‘computadoras humanas’ calcularon, con lápices, reglas y sencillas calculadoras, las complicadas ecuaciones que permitieron lanzar los cohetes y a sus astronautas al espacio –explica la escritora Margot Shetterly en su libro–; y entre ellas figuraba un pequeño y excepcional grupo de mujeres afroamericanas especialmente talentosas que formaron parte de las mentes más brillantes de su generación”.
Se trata de tres mujeres excepcionales: Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, que a comienzos de los años 60 trabajaron para la NASA en el laboratorio aeronáutico de Langley, en Hampton (Virginia), en el equipo de las computadoras humanas del ala oeste, West Area Computers.
Katherine Coleman G. Johnson es la más reconocida de todas las computistas de la NASA, negras o blancas. En 2015 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad de manos del presidente Obama en reconocimiento a su trabajo. En 1953 entró en el National Advisory Committee for Aeronautics (NACA, que luego se convertiría en la NASA), que buscaba mujeres afroamericanas para el Departamento de Guía y Navegación y se presentó sin dudarlo.
Formó parte del equipo de las computadoras humanas, supervisada por la también matemática Dorothy Vaughan, y luego pasó a la División de Investigación de Vuelo de Langley. Allí calculó en 1959 la trayectoria del vuelo espacial del primer estadounidense que viajó al espacio, y en 1961 la ventana de lanzamiento del Proyecto Mercury, el primer programa espacial tripulado de los EE UU.
Al año siguiente, cuando la NASA comenzó a utilizar computadoras electrónicas para calcular la órbita alrededor de la Tierra del astronauta John Glenn, la llamaron para verificar los resultados de la propia máquina. De hecho, la exactitud de sus cálculos sirvió para aumentar la confianza en las nuevas tecnologías de computación. Su mayor contribución al programa espacial fue su trabajo en la misión Apolo 11, la primera que logró llevar a un hombre a la Luna. En este proyecto calculó el momento preciso en el que la sonda debía abandonar la superficie lunar para que se enganchara justo a tiempo al módulo de servicio.
Sus cálculos también se aplicaron durante la crisis del Apolo 13 en 1971, cuando una explosión en la nave imposibilitó que sus tripulantes pudieran manejar el ordenador de a bordo.
Dorothy Vaughan entró también en la NACA en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, una época en la que la industria aeronáutica estadounidense necesitaba mano de obra y personal especializado. Fue asignada a la sección West Area Computers, un grupo de trabajo compuesto exclusivamente por matemáticas afroamericanas.
En 1949 Dorothy Vaughan se convirtió en la primera mujer afroamericana jefa de personal en la NASA, logrando ser directora de las West Area Computers. Siempre se preocupó por la situación de las empleadas y defendió sus derechos laborales. En una entrevista de 1994, Vaughan comento: "Cambié lo que podía, y lo que no pude, lo sobrellevé".
En la NASA donde destacó por su capacidad de aprendizaje y adaptación a los cambios, sobre todo con la llegada de las primeras máquinas computadoras de IBM 7090; se especializó en computación y FORTRAN, un lenguaje de programación de alto nivel especialmente adaptado al cálculo numérico y a la computación científica.
También contribuyó al proyecto Solid Controlled Orbital Utility Test system (SCOUT), una familia de vehículos de lanzamiento diseñados para colocar satélites pequeños en órbita alrededor de la Tierra.
Mary Jackson, siendo mujer y negra, logró ser ingeniera de la NASA en el año 1958.
Todavía hay familias que no quieren que sus hijas estudien algo que consideran inapropiado para la mujer, como una ingeniería, y esto es lo que le ocurrió a Mary W. Jackson, otra de las matemáticas afroamericanas que pasó casi toda su vida en Langley, donde entró en 1951. Tras superar las reticencias iniciales de su familia y ganar en los juzgados su derecho a formarse en ingeniería en una escuela solo para blancos, consiguió su título y se convirtió en la primera ingeniera negra de la NASA en 1958.
Se especializó en analizar los datos del túnel de viento y los experimentos de vuelo en la división de aerodinámica subsónico-transónica. Su objetivo era entender el flujo de aire, incluidas las fuerzas de empuje y resistencia. Publicó una docena de artículos científicos.
Al final de su carrera también se dedicó a fomentar la contratación y promoción de la mujer en la NASA desde la Oficina de Programas de Igualdad de Oportunidades y Discriminación Positiva. Además, Jackson fue muy conocida en su comunidad por ayudar a los niños a crear un túnel de viento en miniatura.
"Estas tres mujeres y sus compañeras se enfrentaron a desafíos, forjaron alianzas y usaron su intelecto para cambiar sus propias vidas y el futuro de su país", dice Margot Shetterly, la autora de Figuras Ocultas en su libro.
"Es una historia de esperanza –concluye –. La esperanza de que incluso en la realidad más dura, como la segregación legalizada y la discriminación racial de EE UU en los años 60, a veces triunfe la meritocracia; la esperanza de que a cada uno de nosotros se nos permita llegar hasta donde nos lleve nuestro talento y esfuerzo”.
Texto por Esther Gil Cid (UNED)


